En 2021, la península de Yucatán registró la muerte del 90% de su población de abejas. Estos insectos son esenciales para la polinización, proceso que contribuye a la producción de la mayoría de los alimentos consumidos por el ser humano. Víctor Sabido, presidente de la Fundación Bee2Be, señala que la expansión urbana, los monocultivos y el uso de agroquímicos ponen en riesgo a las abejas en el sureste mexicano.
La polinización es un proceso natural donde los animales polinizadores transfieren polen entre flores, facilitando la producción de frutos y el crecimiento de la flora. Este proceso es fundamental para mantener la diversidad de plantas y la fauna asociada. Las abejas polinizan entre el 75% y el 80% de los alimentos que consumimos, siendo un componente clave en la seguridad alimentaria.
La disminución de abejas impacta directamente en la disponibilidad de alimentos, lo que puede agravar problemas como el hambre y afectar derechos humanos básicos como el acceso a la alimentación y a un ambiente saludable. Las principales amenazas para las abejas incluyen la destrucción de hábitats naturales, la expansión de ciudades, la conversión de áreas naturales en monocultivos y el uso intensivo de agroquímicos.
En la región, la mortalidad apícola ha aumentado significativamente, pasando de un 50–55% anual a un 90% en 2021. Este incremento se atribuye a la contaminación generada por fertilizantes e insecticidas, que afectan a las plantas, el suelo, el agua y a las propias abejas, las cuales llevan polen contaminado a sus colmenas.
La abeja Apis mellifera cuenta con cierto grado de protección debido a su impacto económico, pero las abejas meliponas, nativas de la región y adaptadas a la flora local, carecen de protección a pesar de su importancia ecológica. La protección de todas las especies polinizadoras es urgente para evitar consecuencias negativas a largo plazo en la producción de alimentos, el acceso al agua y la subsistencia humana en el planeta.
